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No sé lo que hay detrás de tu voz.
Nunca te vi, vos sos los discos
que pueblan por las noches este departamento de París.
Se oyen los pájaros…

El alba. Se oyen los pájaros 
como perdidos en la niebla; 
el silencio sube sus cantos 
a la penumbra de la estancia. 
Él percibe un temblor muy tenue 
que estremece la piel que ama 
dulce en su ensueño. Muy despacio 
la va cubriendo con la sábana 
por evitar que se desvele. 
Pero unos brazos le envolvían 
y se ciñeron a su cuerpo: 
eternidad fue aquí lisura 
miel y jazmín. Mucho más tarde 
aún se oía el cantar los pájaros.

José Agustín Goytisolo